Presentación (Somos Buenos. La colección Taína del Museo de América de Madrid, por Esteban Maciques Sánchez, Edita EECC2003, Miami 2023)

Pablo J. Hernández González

El erudito lingüista y editor Pedro Estala, en su notable recopilación de relatos de viajes publicada a finales del siglo XVIII, reproduce una carta fechada en la Isla de Cuba, en donde el remitente aludía conocer ciertas producciones naturales y antigüedades insulares embaladas con destino al Real Gabinete de Antigüedades de Madrid durante los días de su estancia. Institución ésta que, fundada alrededor de un cuarto de siglo antes, pretendía atesorar muestras culturales y de historia natural procedentes de los vastos dominios americanos y asiáticos de la España imperial de la época. Las colecciones arqueológicas y etnográficas, originadas alrededor de una valiosa muestra procedente de las comarcas de los Andes, se fueron nutriendo de otras singulares remitidas por personas y funcionarios de otras comarcas del continente americano, en particular desde las Antillas (sujeto protagónico del volumen que ahora se presenta).

El interés científico y humanista de la Ilustración se manifestó en ciertas noticias, discretas en escala pero relevantes por significado, que originadas a lo largo de la centuria del Dieciocho procedían de las islas caribeñas bajo la soberanía española, en particular de Cuba y La Española. Los dibujos y descripciones de autores como Charlevoix o Talamanca, que divulgaron las reliquias arqueológicas precolombinas de La Española. O los informes de hallazgos en cavernas remotas del oriente de Cuba, tal como mostró en su día la Gaceta de Madrid o dejaron establecidos los primeros historiadores cubanos y algunos despachos del Obispo de La Habana tras visitas pastorales por intrincados partidos judiciales. En no pocas ocasiones, tales observaciones fueron acompañadas de la remisión de piezas residuales de las ya (por entonces) desvanecidas culturas indígenas, pero que muy vitales y diseminadas poblaron las islas y cayerías antillanas en los remotos episodios del descubrimiento y la colonización, que la ciencia clasificó luego como representativas del horizonte etnocultural arawak (taíno).

Una vez desbandado el Real Gabinete de Antigüedades a favor del recién institucionalizado Real Museo de Ciencias Naturales, al calor de la restauración borbónica (1815), las antigüedades o especímenes arqueológicos pasaron a incrementar los activos museables de esta nueva entidad. Poco más de una treintena de años después, algunas de las más significativas muestras culturales de los antiguos pueblos de agricultores de las Antillas fueron atesoradas en las bóvedas del Museo, en especial aquellas colectadas durante las excursiones del sabio Miguel Rodríguez Ferrer durante su estancia en la Isla de Cuba (1847-1848).

Las aportaciones del viajero Rodríguez Ferrer al campo de la arqueología han sido asunto de estudio por parte del autor del volumen que presentamos, doctor Maciques Sánchez. Tanto desde sus fuentes y escenarios cubanos como peninsulares.

La emblemática hacha petaloide, antropomorfa, recuperada en los alejados distritos del oriente de Cuba, y que se impone desde la cubierta de este libro, resulta uno de los testigos de aquellas misiones científicas del siglo XIX, que nutrieron también los depósitos y vitrinas de aquellas colecciones, y que para mediados del siglo XX, por una decisión cultural afortunada, adquirió naturaleza propia como el Museo de América de Madrid.

Dejo entonces al autor, Maciques Sánchez, lingüista, investigador arqueológico y autor como el mencionado Pedro Estala, el guiarnos de la mano por las colecciones prehispánicas antillanas, mostrarnos las piezas más notables o las menos expuestas hasta ahora, explicadas con el dominio y entusiasmo que sólo se consiguen desde el empleo cuidadoso de la lupa de alta resolución del museógrafo y el fichaje meticuloso del investigador.

Aludido de modo muy sucinto ese entorno de las colecciones que contiene este volumen, deseo anotar (y hacer notar) algunos datos sobre el hecho mismo de la publicación y su editor. Como el Museo de América, la marca editorial de este volumen, EstudiosCulturales2003 (EECC2003) se originó en Madrid y luego se ramificó hacia otros destinos, estando hoy su sede en Miami. Con dos décadas de existencia en el corriente, puede reclamar con satisfacción el haber abierto un espacio de creación intelectual en la mejor tradición académica, esa que en nuestros días cada vez más se echa en falta en la acción y las poses, pero deliberadamente en la periferia de las institucionalidades que, alejadas al espíritu que debía marcarles, suelen mostrarse refractarias a los ejercicio de pensamiento que no acatan las impuestas tendencias, escorzos y modismos que, desde la imposición de las cátedras y editoras, suelen tarar la creación y domesticar con premeditación muchas vocaciones humanísticas.

La editorial EECC2003 puede dar al lector interesado este catálogo bajo su distintivo formato de presentación y diseño de textos e imágenes, con el goce de acumular veinte años de dar cabida a los temas y autores que no patrocinan los programas de cursos o seminarios, que no suelen ser convocados a paneles en congresos o simposios de expertos en las esferas correspondientes, que por lo general no suelen hallar el camino a becas y subsidios, por no decir algunas que otras concesiones a premiaciones jugosas. Cada ocasión en que su plataforma digital se abre a las investigaciones, que sus publicaciones impresas muestran labores concienzudas, se granjean el reconocimiento abierto (o las censuras en sordina, que las hay) en el ámbito profesional-intelectual de hoy (o mundillo en muchas instancias conocidas), que si bien no se prodiga en celebrar los esfuerzos independientes, alternativos o “no arbitrados”, hechos obras y opiniones.

Como suele recordarnos su editor principal, EECC2003 es un espacio concebido para los francotiradores, suerte de muhaedines de la cultura. Cordial ante la creación, pero no condicionado por la tendencia. Académico en sus intenciones y asuntos de interés, solidario con los proyectos marginados, siempre celoso de los productos de calidad humanística.

Éste no es otro espacio digital con andamiaje empresarial, pretensiones de albergar obras definitivas e insuperables sin remontar un formato de videojuegos, y con arrogancia estéril de dar cátedras de arte e historia. No hay aquí “CEO” con pretensiones de remedar a algún enciclopedista de nueva era, y que los más presentan contenidos a poquitos de casi nada. EECC2003 no precisa de tener que acosar fastidiosamente a autores para nutrir y justificar la existencia de supuestas colecciones digitales de textos y documentos, no lo precisa porque sus editores son, en primer lugar, investigadores y creadores; sus colaboradores, también. De modo que se nutre de textos originales, muchos inéditos, como este libro demostrará a sus lectores. Aquí no se hallarán los asuntos en cápsulas, no hay saberes de “un poquito”. Este volumen lo testimonia.

Los investigadores, independientemente de nuestros escenarios y circunstancias de ejercicios académicos, conocemos que logrados esfuerzos investigativos languidecen en el trámite de divulgarse, en especial cuando se confían a los denominados criterios arbitrados o a las benevolencias de apoyo institucional para conseguir ponerse en blanco y negro. Muchos sabemos de manuscritos condenados a un destino análogo a las ofrendas mortuorias prehispánicas de estas colecciones. La publicación de este catálogo de los fondos taínos del Museo de América de Madrid es una celebración de los esfuerzos creativos que consiguen hallar su destino. Celebro que esté disponible y la marca editorial lo incorporara a sus listados.

Para cerrar esta presentación, en la sintonía de la temática de esta obra y que creo coincide en lo esencial con su naturaleza, me permito reproducir unas ideas escritas en 1904 por el eminente arqueólogo británico F. Petrie, como reflexión del autor sobre los objetos por él excavados:

Cada tableta, cada pequeño escarabajo, es una porción de vida solidificada; mucha voluntad, mucho trabajo, mucha realidad viva. Cuando miramos de cerca en el trabajo vemos casi la mano que lo creó, la piedra es un día, una semana de la vida de algún hombre vivo. Conozco su mente, su sentimiento, por lo que ha pensado y ha hecho con esta piedra, en esta piedra. Vivo con él mirando a su trabajo, y admirándolo, valorándolo (…)

Admiremos, vivamos desde las páginas de este volumen las voluntades y realidades encarnadas en estas piezas taínas antillanas del Museo de América. De conseguir empatizar con las esencias del animismo que las inspiró, quizás podamos entrar en armonía con alguno de los traviesos espíritus ancestrales que han habitado por centurias esas antigüedades y que Maciques Sánchez, con sus artes museológicas y quién sabe si algún oscuro rito amazónico ha conseguido invocar para sus lectores. Disfrutemos de la colección y, por si acaso, tengamos a mano algunos obsequios propiciatorios.

San Juan de Puerto Rico, 10 de mayo de 2023 arriba

 

 
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© Marlene García 2003 para José Ramón Alonso